Porque cuando uno se deja llevar por una pasión sin mesura; una pasión donde más allá de los sentimientos hay placer, placer que simplemente lleva ahí,a ese lugar en el que los mortales podemos estar más cerca de los dioses, si no es que más allá que ellos; es cuando uno realmente comienza a vivir..... Pasión que confunde, que cala hondo y cuyo recuerdo no se va, que perdura hasta la muerte...
Pasión que lleva a que dos seres se amen, se odien, se quieran, se extrañen y se vuelvan a odiar... Pasión que puede llegar a unir a dos completos desconocidos, y que le quita un poco de soledad a sus almas, que les devuelve color, la alegría, que les devuelve su juventud... Pasión que hace olvidar el temor absurdo al deseo.... Pasión que mata y que revive... Pasión que llega, enseña y luego, se va...
Pasión que deviene en llanto intenso por largas horas de una tarde lluviosa, pasión que se consuela con un mate en una noche infinita de plática, pasión que nunca muere, pero se suspende en una órbita incomprensible al curar sus llagas y al pedir perdón...
Pasión, pasión, pasión...
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