martes, 3 de noviembre de 2009

El día en que mi alma voló, cual mariposa en una tarde de abril...

Una fría mañana de octubre, de esos últimos días, en los que nadie logra comprender, todo lo que pasa....

Ese día logré entender lo que realmente ocurría, mi corazón era esclavo de un falso perdón, y no fue sino hasta escuchar la inocente carcajada de una infante colorida, esa carcajada pura y transparente, que no había entendido lo que significaba el verdadero perdón...

Esa mañana desnudé mi alma, sin telas que taparan su natural luz y su natural desilusión, esa mañana mi alma fue real, sin ningún tipo de maquillaje, esa mañana logré perdonar y esa mañana mi alma se liberó, frágil, independiente, sutil, ligera, esa mañana mi alma voló cual mariposa en una tarde de abril, en un acto hermoso y maravilloso...

Pero nada fue más hermoso y maravilloso, que la reacción que logró provocar en un corazón confundido, un corazón expuesto, noble y real, un corazón único... Un corazón encariñado con esa alma natural y desnuda:

"Mover las alas y dar la cara al sol, respirar un aire puro y buscar un horizonte hacia donde dirigirse, sin preocuparse por llegar a él...
Revolotea sus alas y cree ser feliz, realmente lo siente y se sabe feliz, quizá un poco de miel aligere su marcha o simplemente se deje llevar por ese viento casi eterno...
Sus alas sutilmente fuertes se mueven con arte y elegancia, movimientos limpios y certeros que la naturaleza ha concedido única y exclusivamente... A cambio de una vida libre, una vida amarilla..."


Y siguió volando, para algún día volver...

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