Cuando creí que conocía a todo el que me rodeaba, cuando estaba demasiado segura de las personas que predicaban revolución y cambio...
Cuando se persignaba en más de un colega, amigo, hermano, que juraba fidelidad y transparencia, cuando se volvió cansado confiar y me juraron no maltratar mi frágil espíritu...
Cuando menos lo esperaba, cuando estaba menos preparada y con menos fuerza y energía, me dieron la estocada; fría, perfecta, directo al blanco...
Y abrí los ojos... Lo cual no es malo, es más bien necesario, pero sería aún mejor si viniera acompañada de un poco de morfina para calmar el alma y la ansiedad, la sed de venganza y la ira...
Y abrí los ojos, llorosos, cansados, hinchados, adoloridos, desilusionados... Ojos que han llegado a ver tanto, que prefirirían en muchas ocasiones no haber visto y nunca más volver a ver...
Y abrí los ojos nuevamente, fuertes, fríos, secos, confundidos... Ojos verdes, tiernos, ingenuos, inseguros...
Y abrí los ojos de la vida, del alma, de la cara, del corazón...
domingo, 29 de agosto de 2010
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